Sin luz no hay imagen. Sea en su forma analógica o en su forma digital, una imagen siempre debe su ser a la luz. Por ello la fotografía, como plasmación de imágenes, va ligada necesariamente a la luz, al ser esta su principal herramienta. Sin una buena fuente de iluminación no es posible trabajar con una cámara. La iluminación y su tratamiento se convierten de esta manera en las claves para reflejar aquello que se pretende dejar registrado.

La luz puede ser natural o artificial, y en cualquiera de los casos el fotógrafo ha de saber jugar con ella. Puedes utilizar una de las dos, e incluso combinar ambas. Aunque la luz natural, aquella que proviene del sol y puede verse afectada por factores atmosféricos como las nubes, pienses que poco puede trabajarse, te equivocas. Existen numerosos instrumentos que te posibilitan jugar con la luz: difusores, reflectores, paneles absorbentes de luz… Todos ellos te permitirán experimentar y dar rienda suelta a tu propia creatividad a la hora de capturar las imágenes con una cámara.

La luz artificial, en cambio, es la producida por medios técnicos, como bombillas, fluorescentes o focos. Y de estos hay gran variedad, con diferentes tonalidades y gradaciones kelvin que determinarán el espacio de color en nuestra imagen y si esta adoptará una apariencia verdosa, anaranjada, amarilla o más blanca. Pero incluso tenemos a nuestro alcance geles de colores y otros modificadores de luz que dispersen o concentren el haz luminoso para transformar a nuestro gusto y conseguir el resultado pretendido.

Todo este abanico de posibilidades ofrece al fotógrafo multitud de instrumentos para expresar sensaciones y comunicar emociones a través de una imagen, dotando mediante el juego con la luz de profundidad a líneas, fuerza a expresiones de la cara o serenidad con una claridad extrema.

A quienes piensen que la profesión de un fotógrafo se resume en pulsar un botón en su cámara le diría que observe y analice las imágenes de alguna revista y aprecie cómo detrás de ellas no está un simple golpe de suerte. Siempre hay un estudio previo, no solo del montaje o de los parámetros de la cámara, sino de la planificación de la luz con la que se ha trabajado para trasladar una emoción.