Paseando por alguna zona turística de una ciudad o de algún pueblo con una cámara réflex y un teleobjetivo puedes pasar totalmente inadvertido, pues a nadie le extrañará que dispares en cualquier dirección a todo aquello que se cruce ante el visor de tu cámara. Sin embargo, la perspectiva cambia mucho cuando la intención que mueve esa cámara es la de retratar una zona singular olvidada de esa ciudad o de ese pueblo cuando ese día no hay ninguna fiesta programada, y aún se complica más cuando lo que se pretende es plasmar en una imagen la vida cotidiana y el espíritu de sus calles.

De los muchos factores a tener en cuenta, el primero es decidir qué es lo que se quiere fotografiar. Si se trata de edificaciones, en gran medida no habrá mucho más que pensar que el medio con qué fotografiarlas, pues nadie se sentirá ofendido ni incómodo delante de un visor. Pero si lo que se desea es reflejar el ambiente vital de las calles, con la espontaneidad y personalidad propia de los espacios públicos y de lo que en ellos sucede, con el movimiento de sus comerciantes y desconocidos viandantes deambulando en ese marco frente a tu objetivo, las cosas cambian porque alguien siempre puede sentirse molesto. Una y otra elección tiene sus pros y sus contras.

Decidir si quiero pasar desapercibido o no en una zona atípica de ser fotografiada determina qué herramienta utilizar en cada caso. La cámara réflex actualmente se sigue vinculando al profesional del medio e intimida a la gente, mientras que una cámara compacta o un simple teléfono móvil parecen, por su uso generalizado, instrumentos más comunes e inocentes y llaman menos la atención, hasta el punto de resultar apenas visibles y, por lo tanto, pasan para todos más fácilmente inadvertidos. Pero también las prestaciones que ofrecen una y otros son muy distintas, como también lo son sus precios. Además, las ventajas que las cámaras réflex ofrecen en calidad de imagen y número de megapíxeles, opciones de formato fullframe, intercambio de objetivos y diversidad de efectos ópticos no pueden competir, sin embargo, con que las cámaras compactas y los smartphones apenas pesan unos gramos: nuestro hombro y nuestro brazo se sentirán más ligeros, e incluso el disparo puede ser, dependiendo de las circunstancias, más rápido, al ser estos últimos más manejables.

Con independencia de qué decisión se tome para retratar zonas no acostumbradas a la lente de una cámara y qué herramienta utilizar, mi consejo es guiarse siempre por la educación y el respeto hacia el otro. Si notas que alguien se siente incómodo ante tu visor, no insistas. Si puedes pedir permiso, hazlo. Y si simplemente buscas la naturalidad de la escena sin tu expresa intervención, dedica una sonrisa y un gesto amable a la persona retratada mientras permites que perciba la presencia de tu cámara. Si aún así hubiera algún problema, debes borrar la fotografía delante de la persona retratada y proseguir con tu labor, pues el mundo nos ofrece millones de oportunidades de retratar vida, y esta, por fortuna, no se reduce a las personas. Tal vez unos pasos más allá un gato en una esquina de la calle quiera posar delante de tu objetivo y muestre sus cualidades de modelo. Todo es mirar alrededor y buscar el motivo.