Se puede detener el tiempo, y hoy lo capturamos y detenemos mediante la fotografía. Gracias a ella podemos conocer cómo fueron nuestros padres de niños, cómo era la calle principal de nuestra ciudad a principios del siglo xix, qué sucedió en el otro extremo del planeta, el color de una determinada especie de loro… Todo gracias a una cámara.

La fotografía desde su nacimiento ha acabado extendiéndose entre nosotros como un elemento indispensable de nuestra vida cotidiana, y aún más con su incorporación a los smartphones y su utilización en redes sociales.

Poéticamente, más que realizar una fotografía, es trasladar una imagen que era presente hace un instante a tiempo pasado. Técnicamente podemos expresar ese paso de tiempo a través de la imagen con un método de exposición larga, con una serie de esteladas del movimiento; una combinación de flash y una exposición larga logra efectos muy curiosos, que producen diferentes sensaciones en el espectador de esa imagen.

Cada imagen expresará algo diferente. Lo más aconsejable es realizar varias tomas e ir descubriendo esos trucos en los movimientos jugando con diferentes parámetros de la cámara que acerquen tu propósito a lo que quieres expresar.

Con velocidades muy altas para el obturador, en cambio, se consigue detener el tiempo in extremis, pudiendo captar y detener ese momento decisivo de un saltador, el lanzamiento de un objeto o cualquier otra acción en su instante cumbre.

Cuando analizamos una fotografía da igual en qué años se realizó, el lugar en que se tomó o el estilo al que pertenece: nos permite observar el pasado y reflexionar.