El retrato es una labor minuciosa por parte del fotógrafo. Ha de conseguir esa imagen en la que el retratado despierte alguna emoción en el espectador que contempla el retrato. Repito y recalco, “alguna emoción”. Si así se produce podemos sentirnos satisfechos con el resultado, pues no es ninguna tarea fácil.

El retrato puede ser individual o grupal, a un adulto, a una persona de edad mediana o a un niño. Quién sea el sujeto del retrato influye a la hora de elaborar la dinámica de trabajo, e incluso teniendo puntos en común todos, pueden variar, pues cada caso, como cada persona, es distinto.

Aunque ninguno es difícil ni ninguno fácil por sí mismo, para facilitar un buen resultado debe establecerse una buena sintonía entre el fotógrafo y la persona o personas a retratar. Una mala conexión puede afectar en el trabajo, ya sea por el gesto del modelo, su actitud al posar, o por parte del fotógrafo al verse desmotivado y quedarse bloqueado en el momento de plasmar el espíritu buscado en el retrato.

Mi consejo es crear desde el principio un buen ambiente siempre. Pero si por algún motivo ajeno percibes mal aura, intenta esquivarla dándole otro ambiente para salir del bloqueo y ofrecer lo mejor de ti mismo y también de quien retratas. Por lo general esto no suele pasar, pero hay que estar preparado para dichas tormentas.

Al retrato se le da un enfoque diferente según si el modelo mira a la cámara o no. Si lo que quieres transmitir es fuerza en la imagen y conexión inmediata con el espectador, la mirada del retratado será directamente hacia la cámara. Si, por el contrario, la mirada se desvía hacia cualquier dirección menos hacia la cámara, el retratado se coloca en un segundo plano frente al espectador. Puedes dirigir las poses del retratado, o bien dejarle libertad frente a la cámara, según esté o no familiarizado con encontrarse frente a un objetivo fotográfico y se muestre intimidado o relajado frente a él. Personalmente en mis trabajos prefiero guiar a las personas que retrato mediante algunas pequeñas indicaciones que logren restar tensiones, para que sean ellos mismos los que finalmente consigan posar de forma natural.

En el retrato puedes utilizar un fondo liso sin distracciones, con el que conseguirás resaltar en exclusiva al sujeto retratado, o puedes encontrar un escenario que logre una cohesión con él. En este último caso es importante que no haya ningún elemento que distraiga la mirada del espectador, siempre y cuando, claro, que sea esta nuestra intención. Si queremos ir más allá para que el resultado sea un retrato más personal, debemos conocer algo más de la persona para que quede reflejado en su imagen: tal vez a qué se dedica, algún momento en su vida que le haya marcado…, dejando libertad al juego artístico para crear esa magia en la fotografía final.

La experiencia fotográfica del retrato de personas te obsequiará con el tiempo unos impagables conocimientos sobre cómo sacar de cada uno de los retratados lo mejor de sí, sus ángulos, sus perfiles, sus más favorecedoras poses, y cómo organizar tus planos fotográficos con personas de carácter extrovertido, tímido o “peculiar”.