En la vida de todo fotógrafo o aficionado a la fotografía llega siempre un momento de viacrucis en el que no encuentra nada que le motive para coger la cámara, levantar el dedo y disparar. Soy benévolo si digo que esto pasará solo una vez, pero lo más seguro es que suceda no dos, ni tres, ni cuatro veces siquiera, sino en más ocasiones. Cuantas menos veces ocurra, mejor; tanto para ti como para tu cámara. Si eres fotógrafo y crees que esto no va contigo, enhorabuena: eres un privilegiado tocado por la mano del haluro de plata.

Si acaso te encuentras en esta fase de bloqueo, calma. Es transitoria. No te fuerces, aparca tu cámara momentáneamente y busca fuentes de inspiración alternativas: visita museos, echa un ojo a webs de otros fotógrafos, hojea revistas, acude a exposiciones y consulta libros especializados. Estas dos últimas opciones son mis preferidas, pues la sensación que me producen es infinitamente más satisfactoria que visualizar a través de una pantalla, ya sea desde un ordenador o desde un smartphone, aunque todo lo que sea ver imágenes enriquece e inspira.

Créate proyectos fotográficos aunque estos no sean novedosos. Hoy casi todo está ya inventado. Pero el enfoque que tú les des siempre será diferente, porque será “tu enfoque”, resultado de tu mirada y de tu particular objetivo. No te dejes influenciar en tu propósito por las redes sociales, el número de seguidores alcanzados o los likes conseguidos, no te compares con nadie y simplemente disfruta y confía en tus trabajos. A los grandes fotógrafos se les conoce apenas por unas cuantas imágenes de las miles que hicieron a lo largo de su vida, y casi siempre han sido reconocidos después de haber muerto, así que si estás leyendo esto significa que respiras y aún tienes ante ti tiempo de sobra para hacer esa foto icónica por la que se te reconocerá en un futuro.